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Astronauta Lírico (Vitor Ramil)
por: Cecilia Zabala
“Quero perder o medo da poesia / encontrar a métrica e a lágrima”. Cada vez que vuelvo a escuchar esa frase me emociono como la primera. Descubrí a Vitor Ramil hace unos años ya, en un disco en dúo con Marcos Suzano. Allí esta canción es la última de una oncena de hermosos paisajes donde, desde una simpleza armónica, una búsqueda melódica de alto vuelo y una lírica potente se puede percibir la belleza de una síntesis cercana y profunda, sencilla y abismal. Una de las cosas que más me atraen de la música de este gran artista.
“Quero perder o medo da poesia / encontrar a métrica e a lágrima”. Siempre comprendí mi conexión con el folklore argentino a través de la sangre paterna, de mi abuela tucumana y mi abuelo catamarqueño. De los inviernos de infancia que pasé visitándolos en Belén Catamarca. De los caminitos que se perdían a lo lejos, entre las montañas. De las primeras guitarreadas donde estuve escuchando a cantores que recuerdo oníricamente,. De mis primos y tíos que hoy en día allí viven… pero la empatía con la música y la cultura de Brasil es mucho más misteriosa.
“Quero perder o medo da poesia / encontrar a métrica e a lágrima”. Cuando tenía diecinueve años hice mi primer viaje a Brasil, a la ciudad de Curitiba, para realizar un curso de música popular brasilera. Junto a una muy querida amiga, mochilas y guitarras en mano, nos tomamos un micro, primero hacia Puerto Iguazú, luego cruzamos la frontera a pie y desde Foz de Iguazú viajamos a Curitiba. Toda una aventura para ese entonces, donde la formación académica del conservatorio y la escuela popular de la calle pujaban para averiguar quién tenía mayor protagonismo en mi vida musical. A lo largo del curso me encontré no solo con un idioma nuevo sino con un lenguaje musical diferente. Tuve la suerte de cruzarme con músicos del tamaño de Baden Powell, Egberto Gismonti o Hermeto Pascoal (a quienes conocí tocando sus músicas en vivo y en directo, sin haber escuchado nada previamente) y tuve también la fortuna de entablar amistad con músicos como Philippe Baden Powell (vínculo epistolar que luego devino en un disco a dúo que actualmente estamos por terminar). Con el correr de los años me doy cuenta de cómo esta época fue una bisagra más que importante en mi carrera artística. Tanto que a partir de allí comencé a componer música “seriamente” y a trabajar sobre improvisación y ritmos populares sudamericanos, puntapié inicial de lo que después sería el camino de búsqueda de "la propia voz" que hoy todavía continúa.
“Quero perder o medo da poesia / encontrar a métrica e a lágrima”. El enamoramiento con la palabra fue posterior, y comenzó por el sonido, como era de esperar. Solía tener una lista de palabras favoritas, no por su significado sino más bien por cómo sonaban. Algunas de ellas perduraron en nombres de mis canciones, como "Aguaribay", "Maravilla" o "Fugacidad". Luego me animé a entrecruzarlas en versos, a desarrollarlas en letras. Y fue un camino sin retorno, donde el significado potenciaba al sonido y la palabra enriquecía a la música, que se hacía canción en un círculo sonriente y amable.
“Quero perder o medo da poesia / encontrar a métrica e a lágrima”. Fue recién entonces cuando conocí esta canción y conocí la música de Vitor. Los arpegios mántricos de su guitarra son como brazos que enlazan y unen la cultura del sur brasileño con la del nordeste argentino y por qué no uruguayo, en aires de milonga gaúcha que se aferran a la tradición pero con un sonido nuevo, con una impronta personal. Como si la música fuera un río infinito que moja con las mismas aguas las orillas de lugares distantes, acercándolos y uniéndolos. Las texturas armónicas envuelven y contienen melodías pegadizas y simples de escuchar pero complejas de cantar. El pulso camina, en la versión del disco de la mano de la percusión y los colores que propone Marco Suzano, pero también en versiones a solo set que pude escuchar en vivo. Es como el latir del corazón renovando la energía e invitando a participar con el cuerpo entero de esa celebración.
“Quero perder o medo da poesia / encontrar a métrica e a lágrima”. Hay algo en la repetición que es como una caricia que te hace recordar dónde estás, que a la vez te despierta y te hace dar cuenta que todo se mueve, que en cada repetición no sos la misma persona, que la misma frase no es igual después de la primer o segunda estrofa, que pasar por un lugar común no es lo mismo después de haber vivido varios otoños. Es como una insitencia urgente recordándonos que estamos vivos. El “astronauta lírico” es tal vez el artista con su misión utópica de encontrar belleza, de mirar más allá, de volar alto. Pero que subyace ante la potencia de lo mínimo, de lo frágil, de un gesto o un destello en la persona que tiene al lado. Entonces ese infinito magnánimo hacia fuera se transforma en infinito interior, no por eso menos inmenso. Tal vez el “astronauta lírico” somos todos.